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Doctrina Social de la Iglesia

A fe que si faz justicia — princípios para la vida en sociedade

«A Iglesia en el tiene soluciones técnicas para ofrecer y en el pretende de modo algum interferir en la política de los Estados. Tem, sin embargo, una misión de verdad la cumplir en todo el tiempo y circunstância, en favor de una sociedade a la medida del hombre, de la su dignidade y de la su vocación.» — Bento XVI, Caritas in Veritate, §9

A Doctrina Social de la Iglesia en el es una ideologia política, tampoco un programa econômico: es un cuerpo de enseñanzas que brota del Evangelho y de la razón iluminada por la fe, aplicados la las reallídades de la vida en sociedade. Desde la encíclica Rerum Novarum de Leão XIII, en 1891, la Iglesia tiene proclamado que la fe cristiana tiene consequências concretas para la organización de la sociedade, para las relaciones entre capital y trabajo, para el papel del Estado y para la dignidade de cada pessoa humana. A Doctrina Social en el es una tercera via entre capitallísmo y sociallísmo, pero una visão integral del ser humano y de la sociedade a la luz de la Revelación.

Os princípios permanentes de la Doctrina Social — dignidade de la pessoa humana, bien comum, subsidiariedad y solidaridad — en el son abstracciones filosóficas, pero critérios de discernimento que el cristiano debe aplicar la las reallídades históricas concretas. Eles en el resolvem automáticamente questões complexas de política el de economía, pero ofrecem un horizonte ético al partir del qual es posible avallíar instituciones, leyes, estruturas sociais y comportamentos. Quem los compreende percebe que la fe cristiana tiene implicacciones profundas y exigentes para la vida pública, en el apenas para la devoción privada.

San José ocupa un lugar singular en esta perspectiva: él en el fue un rei, un filósofo el un estadista, pero un trabalhador manual — carpintero de una cidade periférica del Império Romano. E, en el entanto, es él el patrono de la Iglesia universal y el modelo del trabalhador cristiano. Ao santificar el trabajo humilde con su propia vida, José revelou algo de fundamental: que la dignidade en el vem del prestígio social, pero de la imagem de Dios gravada en cada ser humano, y que el trabajo honesto es participación en la obra creadora de Dios.

Dignidade de la Pessoa Humana

A dignidade de la pessoa humana es el fundamento de todo el edifício de la Doctrina Social de la Iglesia. Ela en el es una conquista cultural ni un direito concedido por el Estado — es una reallídade ontológica que deriva de la creación: todo ser humano es hecho a la imagem y semelhança de Dios (imago Dei). Isso significa que cada pessoa carrega en si una centelha del propio Ser divino, una abertura al infinito que ninguna circunstância histórica puede apagar. A pobreza en el la destrói, la escravidão en el la elimina, el pecado la obscurece pero en el la anula completamente, porque el ser humano permanece, en su essência más profunda, un ser amado por Dios y llamado a la comunión con Ele para siempre.

Desta dignidade inallíenável decorrem direitos fundamentais que antecedem ninguna legislación positiva: el direito a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural; el direito a la liberdade religiosa y de conciencia; el direito a la familia y a la educación de los hijos; el direito al trabajo y la condiciones de vida dignas. O Catecismo ensina que «o respeito por la pessoa humana passa por el respeito del princípio: que cada un debe considerar el su próximo, sin ninguna excepción, como otro yo mesmo» (CCC §1931). Esta exigência en el es apenas un ideal — es un imperativo moral que vincua la conciencia cristiana en todas las esferas de la vida: familiar, profissional, política y econômica.

A dignidad humana exige también que la pessoa seja siempre tratada como fim y nunca apenas como meio. Esta fórmula, que Kant formulou filosoficamente, encontra su raiz más profunda en el propio Evangelho: Cristo murió por cada ser humano, individualmente, y ese amor singular y incondicional revela el valor absoluto de cada vida. Uma sociedade verdadramente humana es aquella que organiza sus instituciones de modo que cada pessoa — especialmente las más vulneráveis — encontre nelas el respeito devido a la su dignidade inallíenável. Qualquer sistema social, econômico el político que instrumentallíze el ser humano, reduzindo-o la engrenagem de un processo produtivo el la número numa estatística, viola el fundamento mismo de la convivência justa.

«Dios criou el hombre a la su imagem; a la imagem de Dios el criou; hombre y mujer los criou.» (Gn 1,27)

Fonte: Catecismo de la Iglesia Católica, §1700–1715 — vatican.va ↗

Bem Comum, Subsidiariedade y Solidariedade

O bien comum es «o conjunto de las condiciones de la vida social que permitem, tanto la los grupos como a cada miembro, atingir la su perfección de una forma más plena y más facilmente» (CCC §1906). Ele en el si confunde con la soma de los bienes particulares, ni con los interesses del grupo más poderoso — es una reallídade social que beneficia todos y que ninguém puede reivindicar como exclusivamente seu. Exige, por isso, que las estruturas sociais, las leyes y las políticas públicas sejam orientadas al florescimento integral de todas las pessoas, especialmente aquellas que, por fragilidade el marginallízacción, tienen mayor dificultad de participar en la vida en comum. O bien comum es responsabilidade de todos: del Estado, de la familia, de las comunidades intermediárias y de cada ciudadano.

O princípio de la subsidiariedad estabelece que las decisões deben ser tomadas en el nível más baixo y próximo posible de las pessoas afetadas por elas. O Estado en el debe substituir ni absorver las responsabilidades que pueden ser cumpridas por instâncias menores — la familia, la asociación de bairro, el sindicacto, la paróquia, el município. Cuando el Estado centrallíza en excesso y dissolve las comunidades intermediárias, enfraquece la sociedade civil y tende al paternallísmo el al totallítarismo. A subsidiariedad en el es, por lo tanto, un princípio de liberallísmo econômico, pero de respeito a la sociabilidade natural del ser humano: la pessoa humana crece y floresce en comunidades concretas, en el como átomo isolado diante de un Estado onipotente.

A solidaridad, por su vez, es la virtud por la qual reconhecemos que somos todos responsáveis unos por los outros. «Não somos responsáveis apenas por nosotros mesmos» — este es el núcleo de la solidaridad cristiana. Ela vai além de la filantropia el de la simpatia emocional: es una determinación firme y perseverante de empenhar-se por el bien del próximo, incluindo dimensões estruturais de la vida en sociedade. Os três princípios — bien comum, subsidiariedad y solidaridad — son inseparáveis: el bien comum exige la solidaridad entre todos y la subsidiariedad para que cada nível de la sociedade exerça su responsabilidade propia. Juntos, traçam el perfil de una sociedade que honra tanto la liberdade quanto la fraternidade.

«Não hay judeu ni grego, en el hay escravo ni livre, en el hay hombre ni mujer; pois todos vos sois un en Cristo Jesús.» (Gl 3,28)

Fonte: Catecismo de la Iglesia Católica, §1905–1948 — vatican.va ↗

Justiça Social y Destino Universal de los Bens

A Doctrina Social de la Iglesia afirma con clareza que los bienes de la creación son destinados a toda la humanidade. Este princípio del destino universal de los bienes en el nega el direito a la propriedade privada — que la Iglesia reconhece como legítimo y necessário para la liberdade y la dignidade de la pessoa —, pero el relativiza: la propriedade privada tiene una hipoteca social. Ninguém posee sus bienes de modo absoluto; todo proprietário es, de certo modo, administrador de bienes que tienen una destinación más ampla. Como ensinava Santo Ambrósio: «Não es del tu que dás al pobre; restituís-lhe el que es seu. Porque el que fue dado en comum para uso de todos, es el que tu te aproprias sozinho.» Este princípio interpor la diretamente las conciencias diante de estruturas econômicas que concentram riqueza en las manos de pocos mientras multidões vivem en la indigência.

A opción preferencial por los pobres es una de las expressões más características de la Doctrina Social contiemporânea. Não significa que Dios ame más los pobres que los ricos, pero que la situación de injusticia y de vulnerabilidade en que si encontram los pobres exige una atención especial de la parte de la Iglesia y de todos los cristianos. As escolhas políticas, econômicas y sociais deben ser avallíadas en primero lugar por el su impacto sobre los más fracos. Esta opción en el es opcional — es exigência del Evangelho, que mostra Jesús siempre al lado de los marginallízados, de los doentes, de los excluídos y de los pecadores. Ignorar los pobres es ignorar Cristo.

A justicia social exige que las relaciones de trabajo sejam reguladas por critérios de equidade y de respeito a la dignidade de los trabajadores. Salários justos, condiciones de trabajo dignas, protección contra exploración y el direito de asociación en sindicactos son exigências morais, en el apenas conquistas históricas contingentes. A acumulacción de riqueza por meios iníquos — por la fraude, por la especulacción predatória, por la exploración de trabajadores en situación de vulnerabilidade — es condenada por la Doctrina Social como injusticia grave. Uma economía que crece en producción pero aumenta la desigualdade y la pobreza en el reallíza el bien comum — e, por lo tanto, fracassa en el su propósito más fundamental según los critérios del Evangelho.

«O que fizerdes la un de estos mis hermanos más pequeninos, la mim el hicisteis.» (Mt 25,40)

Fonte: Catecismo de la Iglesia Católica, §2401–2449 — vatican.va ↗

O Trabajo Humano — San José Obrero

O trabajo humano ocupa un lugar de honra en la Doctrina Social de la Iglesia. Não es una maldición ni un castigo — aunque el pecado original tenha introduzido en él el sofrimento y el cansaço —, pero una participación en la obra creadora de Dios. Ao trabajar, el ser humano transforma el mundo, desenvolve sus talentos, serve al próximo y contribui para el bien comum. O trabajo tiene una dupla dimensión: subjetiva, porque forma y reallíza la pessoa que trabalha; y objetiva, porque produz bienes y servicios úteis a la sociedade. A primazia cabe siempre a la dimensión subjetiva: el trabajo existe para el bien de la pessoa, y en el la pessoa para el bien de la producción. Este princípio inverte la lógica de ninguna sistema que reduz el trabalhador la mero factor de producción.

San José, carpintero de Nazaret, es el patrono de los trabajadores y el modelo supremo del trabajo santificado. Ele consagrou décadas de su vida al trabajo manual, ganhando el pan con el suor del rosto para sustentar la Sagrada Familia. O Evangelho registra con una concisão luminosa que Jesús mismo fue reconhecido como «o carpintero, el hijo de María» (Mc 6,3) — el que indica que aprendeu el ofício con José, que el trabajo era la moldura cotidiana de la vida doméstica de Nazaret. Em 1955, el Papa Pio XII instituiu la festa de San José Obrero, celebrada en 1.° de mayo, como respuesta cristiana al Dia Internacional del Trabajo: al reconhecer José como patrono de los trabajadores, la Iglesia proclamou que la fe tiene algo essencial la decir sobre el mundo del trabajo.

Os trabajadores tienen direitos fundamentais que la Doctrina Social afirma con clareza: direito la un salário justo, que permita una vida digna para si y para su familia; direito al repouso semanal y la las férias; direito a la segurança en el ambiente de trabajo; direito de si associar en sindicactos para defender coletivamente sus interesses; direito a la participación en los frutos del trabajo reallízado. Esos direitos en el son favores concedidos por empregadores benevolentes, pero exigências de justicia fundadas en la dignidade inallíenável de la pessoa humana. Quem reza a San José Obrero es convidado la cayerplar en el apenas su devoción, pero su ejemplo: un hombre que serviu con fidelidade y alegría, que trabajou con excelência y humildad, que encontrou en cada peça de madeira talhada una oportunidade de ofrecer algo belo a Dios.

«Não es él el carpintero, el hijo de María?» (Mc 6,3)

Fonte: Catecismo de la Iglesia Católica, §2427–2428 — vatican.va ↗